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[…] Queridos
monaguillos, ayer habéis cruzado en una
larga procesión la plaza de San Pedro para
llegar hasta el altar de la Confesión de la
basílica. Así, en cierto modo, habéis
prolongado el camino que los jóvenes del
mundo comenzaron durante el Año santo. El
lema de vuestra peregrinación a la ciudad
eterna, "En camino hacia un mundo nuevo", es
signo de vuestro deseo de tomaros en serio
la vocación cristiana.
2. Os
saludo muy cordialmente, queridos muchachos,
y me alegro de celebrar este encuentro. […]
Vuestro
ministerio del altar no sólo es un deber,
sino también un gran honor, un auténtico
servicio santo. A propósito de este
servicio, deseo proponeros algunas
reflexiones.
El hábito del
monaguillo es particular. Recuerda el traje
que cada uno usa cuando, en nombre de
Cristo, es acogido en la comunidad. Me
refiero al hábito bautismal, cuyo
significado profundo expone san Pablo: "En
efecto, todos los bautizados en Cristo os
habéis revestido de Cristo" (Ga 3, 27).
Vosotros, que
ahora lleváis el hábito de monaguillo,
habéis recibido antes el traje bautismal.
Sí, el bautismo es el punto de partida de
vuestro "auténtico ministerio litúrgico",
que os sitúa al lado de vuestros obispos,
sacerdotes y diáconos (cf. Sacrosanctum Concilium,
29).
3. El
monaguillo ocupa un lugar privilegiado en
las celebraciones litúrgicas. Quien
desempeña el servicio durante la misa, se
presenta a una comunidad. Experimenta de
cerca que en cada acción litúrgica
Jesucristo está presente y operante. Jesús
está presente cuando la comunidad se reúne
para orar y alabar a Dios. Jesús está
presente en la palabra de la sagrada
Escritura. Jesús está presente, sobre todo,
en la Eucaristía, bajo las especies del pan
y del vino. Actúa por medio del sacerdote
que, in persona Christi, celebra la santa
misa y administra los sacramentos.
De este modo,
en la liturgia sois mucho más que simples
"ayudantes del párroco". Sobre todo, sois
servidores de Jesucristo, el sumo y eterno
Sacerdote. Así, vosotros, monaguillos,
estáis llamados en particular a ser jóvenes
amigos de Jesús. Esforzaos por profundizar y
cultivar esta amistad con él. Descubriréis
que habéis encontrado en Jesús a un
verdadero amigo para la vida.
4. El
monaguillo a menudo sostiene en la mano una
vela. Eso nos hace pensar en lo que dijo
Jesús en el sermón de la Montaña: "Vosotros
sois la luz del mundo" (Mt 5, 14). Vuestro
servicio no puede limitarse al interior de
una iglesia.
Debe irradiarse en la vida de
todos los días: en la escuela, en la
familia y en los diversos ámbitos de la
sociedad, dado que quien quiere servir a
Jesucristo en el interior de una iglesia
debe ser su testigo por doquier.
Queridos
jóvenes, vuestros contemporáneos esperan la
verdadera "luz del mundo" (cf. Jn 1, 9). No
tengáis vuestro candelero sólo en el
interior de la iglesia; por el contrario,
llevad la antorcha del Evangelio a todos los
que están en las tinieblas y viven un
momento difícil de su existencia.
5. He hablado
de la amistad con Jesús. Me gustaría que de
esta amistad brotara algo más. ¡Qué hermoso
sería si alguno de vosotros descubriera la
vocación al sacerdocio! Jesucristo tiene
necesidad urgente de jóvenes que se pongan a
su disposición con generosidad y sin
reservas.
[…] También a
quienes quieran unirse en matrimonio, el
servicio del monaguillo enseña que una
auténtica unión debe incluir siempre la
disponibilidad al servicio recíproco y
gratuito. […] |