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Curso 2009-2010 |
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Annus Sacerdotalis
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Introducción
El Santo Cura de Ars
Un signo
Carteles conmemorativos
Peregrinación a Ars
Cuidar la liturgia
Oración oficial
Enlaces |
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Introducción
"Queridos
hermanos en el Sacerdocio: He resuelto
convocar oficialmente un «Año Sacerdotal»
con
ocasión del 150 aniversario del «dies
natalis» de Juan María Vianney, el Santo
Patrón de todos los párrocos del mundo, que
comenzará el viernes 19 de junio de 2009,
... Este año desea contribuir a promover el
compromiso de renovación interior de todos
los sacerdotes, para que su testimonio
evangélico en el mundo de hoy sea más
intenso e incisivo, y se concluirá en la
misma solemnidad de 2010." (Carta de
Benedicto XVI para la convocación de un Año
Sacerdotal, 16 de junio de 2009)
Con estas
palabras, el Papa Benedicto XVI ha invitado
a todos los fieles a contemplar el gran
misterio del sacerdocio, pero especialmente
a los sacerdotes para que renueven su
ministerio al servicio de Cristo y de la
Iglesia, lo agradezcan, y todos juntos
promuevan las vocaciones sacerdotales.
El Seminario
ha querido participar de tan espléndido acontecimiento de
gracia haciéndose partícipe de él en su
itinerario espiritual y con algunas
iniciativas.
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El Santo Cura de
Ars
Nació
el 8 de mayo de 1786 en Dardilly, cerca
de Lyon, en una familia de agricultores.
San Juan María Vianney conoció una
infancia marcada por el fervor a Dios y
el amor de sus padres. El contexto de la
Revolución francesa ejercerá una fuerte
influencia en su juventud: hará su
primera confesión en el salón de la casa
natal y no en la iglesia del pueblo, y
recibirá la absolución por un sacerdote
clandestino.
Dos años
más tarde, hace su primera comunión en
un henil durante una Misa clandestina
celebrada por un sacerdote rebelde. A
los 17 años, decide responder a la
llamada de Dios: “Quisiera ganar
almas para el Buen Dios”, le dirá a
su madre, Marie Béluze. Su padre, en
cambio, se opuso durante dos años a este
deseo, porque hacían falta brazos en la
casa paterna.
A los 20
años empezó a prepararse para el
sacerdocio con el abad Balley, Párroco
de Ecully. Las dificultades lo harán
crecer: pasa rápidamente del desaliento
a la esperanza, va en peregrinación a
Louvesc, al sepulcro de San Francisco
Regis. Es obligado a desertar cuando es
llamado para entrar en el ejército e ir
a combatir durante la guerra en España.
El abad Balley sabrá ayudarlo durante
estos años llenos de muchas pruebas. Fue
ordenado sacerdote en 1815 comenzando su
ministerio como vicario en Ecully.
En el
1818, es enviado a Ars. Allí despierta
la fe de sus parroquianos con sus
sermones, pero sobre todo con su oración
y su estilo de vida. Se siente pobre
ante la misión que debe cumplir, pero se
abandona a la misericordia de Dios.
Restaura y adorna la iglesia, funda un
orfanato al que da el nombre de
“Providencia” y se ocupa de los más
pobres.
Rápidamente,
su fama de buen confesor atrajo
numerosos peregrinos que a través de él
buscaban el perdón de Dios y la paz del
corazón. Asediado por muchas pruebas y
luchas interiores, mantiene su corazón
bien arraigado en el amor de Dios y a
los hermanos; su única preocupación fue
la salvación de las almas. Sus lecciones
de catecismo y sus homilías hablan sobre
todo de la bondad y de la misericordia
de Dios.
Sacerdote
que se consuma de amor delante del Santo
Sacramento, todo donado a Dios, a sus
parroquianos y a los peregrinos, murió
el 4 de agosto de 1859, después de
haberse entregado hasta el extremo del
amor. Su pobreza no era fingida. Sabía
que un día habría muerto como
“prisionero del confesionario”. Tres
veces intenta huir de su parroquia,
creyéndose indigno de la misión de
Párroco, y creyendo ser más bien un
obstáculo a la bondad de Dios. La última
vez, unos seis años antes de su muerte,
sus parroquianos, que habían hecho sonar
en plena noche la campana a martillo,
consiguieron que se quedara con ellos
definitivamente. Enseguida fue a su
iglesia y se puso a confesar hasta la
una de la mañana. Dirá el día siguiente:
“me he comportado como un niño”.
A sus exequias asistieron más de mil
personas, entre ellos el obispo y todos
los sacerdotes de la diócesis, que
vinieron a abrazar a quien era su
modelo.
Fue
beatificado y declarado “patrón de los
sacerdotes de Francia" el 8 de enero de
1905. Canonizado en 1925 por Pío XI, fue
proclamado en 1929 “patrón de todos los
párrocos de la Iglesia Universal”. El
Papa Juan Pablo II peregrinó a Ars en
1986.
Copyright:
Santuario de Ars
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Un signo
Queremos tener
presente al Santo Cura de Ars durante todo
el curso, y para ello,
D. Braulio bendijo
una imagen de San Juan María que tendremos
durante todo el año en la Capilla Mayor de
nuestro Seminario. Se trata de un signo que
nos servirá a todos (formadores,
seminaristas, familias y todos los que pasen
por la capilla a lo largo del curso) a mirar
la santidad de este gran pastor y a pedir su
intercesión para que de este Seminario
salgan muchos y santos sacerdotes.
El signo tiene
como elemento central la imagen del santo.
Al lado izquierdo está escrita una frase con
la que él definía el sacerdocio: "El
sacerdote es el amor del Corazón de Jesús".
Al lado derecho se encuentra la imagen del
Sagrado Corazón que con su mano nos muestra
dicha imagen como dándonos a entender
"Este es el criado fiel y solícito". Por
último, una vela estará encendida durante
todo el curso junto a dicha imagen.
Desde aquí,
invitamos a todos los que queráis venir a
visitar la santa imagen del Cura de Ars para
invocarle por las vocaciones y especialmente
por la buena marcha de nuestro Seminario y
sus seminaristas.
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Carteles
conmemorativos
Hemos
elaborado unos carteles
conmemorativos con motivo de este gran
acontecimiento.
Estarán
expuestos en el Claustro desde el pasado día
8 de noviembre, fiesta del Reservado, y
hasta final de curso.
El lema
de dichos carteles es "El sacerdote:
servidor de vuestra alegría".
Además, cada cartel tiene un título
diferente que hace referencia a una
dimensión del sacerdocio:
-
El
sacerdote, servidor de la Palabra
-
El
sacerdote, hombre de la Eucaristía
-
El
sacerdote, hombre de la Misericordia
-
El
sacerdote, hombre de oración
-
El
sacerdote, amor del Buen Pastor
-
El
sacerdote, al pie de la cruz
-
Sacerdote,
¿por qué tú no?
Cada uno de
los carteles tiene un texto del Papa
Benedicto XVI comentando esa dimensión
concreta del sacerdocio.
Si alguien
está interesado en estos carteles puede
ponerse en contacto con nosotros.
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Peregrinación a Ars
Todos los años
los seminaristas de la 2ª y 3ª Sección (3º
ESO a 2º Bachillerato) hacen una
peregrinación vocacional. En este curso, con
motivo de este Año Sacerdotal, hemos
querido que el destino de nuestro peregrinar
fuese Ars.
Pero en esta
ocasión, de forma extraordinaria, y
considerando la importancia del Año
Sacerdotal, hemos querido que todos los
seminaristas pudiesen participar de este
gran acontecimiento de gracia.
La
peregrinación ha tenido lugar en los días
11-17 de febrero.
[Ver noticia]
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Cuidar la liturgia
También, con
motivo del Año Sacerdotal, nos ha parecido
que sería muy interesante cuidar la liturgia
de manera especial y a lo largo de todo
este año para celebrar más
dignamente los misterios del Señor.
Uno de los
aspectos que pensamos podían cuidarse un
poco más era el de la música y los cantos en
nuestras celebraciones. Por eso, nos decidimos a
impartir clases de canto y órgano para
aquellos seminaristas que lo deseasen. Las clases
las da una profesora de canto, comenzaron en enero y a ella asisten un
total de 13 seminaristas, de los cuales 2
tienen ambas clases de canto y órgano.
Además, todos ellos tienen también clase de
lenguaje musical, salvo aquellos que ya
tienen conocimientos de solfeo. También se
han apuntado a las clase de canto dos de los
formadores del Seminario.
Otro aspecto
que hemos añadido a nuestro cuidado de la
liturgia es el de releer la última edición
del Ordo Missae para ajustarnos en todo a
sus indicaciones a la hora de celebrar.
Por último,
hemos querido recuperar la costumbre de
celebrar la Misa en latín una vez al mes que
teníamos en el Seminario Menor hace unos
años. Lo hacemos todos los primeros
miércoles de mes, aunque solo para la 2ª y
3ª Sección. Así, los seminaristas se van
familiarizando con el latín, lengua oficial
del la Iglesia. |
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Oración oficial
Señor Jesús:
En San Juan María Vianney Tu has querido dar a la Iglesia la imagen viviente y una personificación de tu caridad pastoral.
Ayúdanos a bien vivir en su compañía, ayudados por su ejemplo en este Año Sacerdotal.
Haz que podamos aprender del Santo Cura de Ars delante de tu Eucaristía; aprender cómo es simple y diaria tu Palabra que nos instruye, cómo es tierno el amor con el cual acoges a los pecadores arrepentidos, cómo es consolador abandonarse confidencialmente a tu Madre Inmaculada, cómo es necesario luchar con fuerza contra el Maligno.
Haz, Señor Jesús, que, del ejemplo del Santo Cura de Ars, nuestros jóvenes sepan cuánto es necesario, humilde y generoso el ministerio sacerdotal, que quieres entregar a aquellos que escuchan tu llamada.
Haz también que en nuestras comunidades –como en aquel entonces la de Ars– sucedan aquellas maravillas de gracia, que tu haces que sobrevengan cuanto un sacerdote sabe /“poner amor en su parroquia”/.
Haz que nuestras familias cristianas sepan descubrir en la Iglesia su casa –donde puedan encontrar siempre a tus ministros– y sepan convertir su casa así de bonita como una iglesia.
Haz que la caridad de nuestros Pastores anime y encienda la caridad de todos los fieles, en tal manera que todas las vocaciones y todos los carismas, infundidos por el Espíritu Santo, puedan ser acogidos y valorizados.
Pero sobre todo, Señor Jesús, concédenos el ardor y la verdad del corazón a fin de que podamos dirigirnos a tu Padre celestial, haciendo nuestras las mismas palabras, que usaba San Juan María Vianney:
“Te amo, mi Dios, y mi solo deseo
es amarte hasta el último respiro de mi vida.
Te amo, oh Dios infinitamente amable,
y prefiero morir amándote
antes que vivir un solo instante si amarte.
Te amo, Señor, y la única gracia que te pido
es aquella de amarte eternamente.
Dios mío, si mi lengua
no pudiera decir que te amo en cada instante,
quiero que mi corazón te lo repita
tantas veces cuantas respiro.
Ti amo, oh mi Dios Salvador,
porque has sido crucificado por mi,
y me tienes acá crucificado por Ti.
Dios mío, dame la gracia de morir amándote
y sabiendo que te amo”. Amen.
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