“Haced lo que
Él os diga” (Jn 2, 5)
La Virgen María
Ya en 1959, el Beato Papa Juan XXIII había
hecho notar: “Poco antes
de que el Cura de Ars terminase su carrera
tan llena de méritos, la Virgen
Inmaculada se había aparecido en otra región
de Francia a una joven
humilde y pura, para comunicarle un mensaje
de oración y de penitencia,
cuya inmensa resonancia espiritual es bien
conocida desde hace un siglo. En
realidad, la vida de este sacerdote cuya
memoria celebramos, era
anticipadamente una viva ilustración de las
grandes verdades sobrenaturales
enseñadas a la vidente de Massabielle. Él
mismo sentía una devoción
vivísima hacia la Inmaculada Concepción de
la Santísima Virgen; él, que ya
en 1836 había consagrado su parroquia a
María concebida sin pecado, y que
con tanta fe y alegría había de acoger la
definición dogmática de 1854”. El
Santo Cura de Ars recordaba siempre a sus
fieles que “Jesucristo, cuando
nos dio todo lo que nos podía dar, quiso
hacernos herederos de lo más
precioso que tenía, es decir de su Santa
Madre. (Carta de SS Benedicto XVI
para la convocación del año sacerdotal)
El nuevo curso que comenzamos va a dar
sus primeros pasos dentro del
Año del Sacerdocio, y en nuestro itinerario
particular, dedicado a la Virgen María.
Siguiendo la invitación que el Papa
Benedicto XVI nos hace a todos de vivir el
año
sacerdotal, queremos que el calendario y la
programación del curso estén
iluminados por la presencia de la Virgen
María. La misión del Seminario es la
de darnos a conocer a Cristo y llevarnos a
identificarnos con Él. La
Inmaculada es la que mejor nos puede ayudar
a crecer en nuestra vocación del
modo más perfecto.
En el hogar de
Nazaret, Jesús, José y María
consagraron sus vidas a cumplir el
plan de Dios. Cada una de nuestras familias,
y la nuestra del Seminario, por la
oración en común, queremos seguir estas
mismas huellas de santidad de la
Sagrada Familia.
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Primer trimestre |
Segundo trimestre |
Tercer trimestre |
|
Iglesia |
Jesucristo |
Misión |
|
"¡Feliz tú, que has creído!"
|
"Dichosos los que escuchan la
Palabra" |
"En
el Cenáculo con María" |
PRIMER TRIMESTRE
"¡Feliz tú, que has creído!"
(Lc 1, 45)
«Las palabras del ángel Gabriel en Nazaret:
"Alégrate, llena de
gracia" (Lc 1,28) iluminan también la escena
del Calvario. La Anunciación
marca el inicio, la Cruz señala el
cumplimiento. En la Anunciación, María
dona en su seno la naturaleza humana al Hijo
de Dios; al pie de la Cruz, en
Juan, acoge en su corazón la humanidad
entera. Madre de Dios desde el
primer instante de la Encarnación, Ella se
convierte en Madre de los hombres
en los últimos instantes de la vida de su
Hijo Jesús. Ella, que está libre de
pecado, "conoce" en el Calvario en su propio
ser el sufrimiento del pecado,
que su Hijo carga sobre sí para salvar a la
humanidad. Al pie de la Cruz en la
que está muriendo Aquél que ha concebido con
el "sí" de la anunciación,
María recibe de El como una "segunda
anunciación ": "¡Mujer, ahí tienes a tu
hijo!" (Jn 19,26)» (Juan Pablo II, JMJ 2003,
n 2)
La Virgen María
creyó en el anuncio del
ángel Gabriel, y experimentó el
gozo inmenso de ver cómo se cumplía lo que
Dios le había prometido. Con el "sí"
la su vocación se convirtió en Madre de Dios,
por la encarnación. Este mismo
"sí" suponía aceptar el ser también
Madre de
la Iglesia. El Seminario, dentro de
la Iglesia como corazón de la diócesis,
desea identificarse como el grupo de los
hermanos y amigos de Jesús, los hijos
queridos de la Virgen María. Nosotros
también seremos "dichosos" o "felices" si
creemos como Ella, si respondemos con
generosidad a la llamada que a cada uno Dios
nos hace.
SEGUNDO TRIMESTRE
"Dichosos los que escuchan la Palabra"
(Lc 11, 28)
«María es Madre de la divina gracia, porque
es Madre del Autor de la
gracia. ¡Entregaos a Ella con plena
confianza! Resplandeceréis con la belleza
de Cristo (...) En la escuela de María,
descubriréis el compromiso concreto
que Cristo espera de vosotros, aprenderéis a
darle el primer lugar de vuestra
vida, a orientar hacia El vuestros
pensamientos y vuestras acciones.
Queridos jóvenes, ya lo sabéis: el
cristianismo no es una opinión y no
consiste en palabras vanas. ¡El cristianismo
es Cristo! ¡Es una Persona, es el
Viviente! Encontrar a Jesús, amarlo y
hacerlo amar: he aquí la vocación
cristiana. María os es entregada para
ayudaros a entrar en una relación más
auténtica, más personal con Jesús. Con su
ejemplo, María os enseña a posar
una mirada de amor sobre aquel que nos ha
amado primero. Por su
intercesión, María plasma en vosotros un
corazón de discípulos capaces de
ponerse a la escucha del Hijo, que revela el
auténtico rostro del Padre y la
verdadera dignidad del hombre». (Juan Pablo
II, JMJ 2003 n 4)
Para Jesús
la mayor alabanza posible que se
puede hacer de su Madre
es haber escuchado y cumplido sus palabras.
La Virgen, siendo Madre, se
convirtió en discípula y tuvo a su Hijo como
Maestro, como el centro y modelo
de todas sus cosas. Ella supo guardar las
palabras de Jesús, no sólo
recordarlas, sino darle vueltas en su
corazón, asimilarlas y hacerlas vida. El
Seminario tiene aquí otro de sus ejes
vertebradores. El segundo trimestre, central
en la marcha del curso, gira entorno a
Jesucristo, y nos descubre el Seminario
como un verdadero discipulado en el que
madurar en nuestro modo de pensar, sentir y actuar en unión con Cristo, en
actitud de humildad y generosidad
siguiendo el ejemplo de la Virgen María.
TERCER TRIMESTRE
"En el Cenáculo con María"
«Queridos jóvenes, sólo Jesús conoce vuestro
corazón, vuestros
deseos más profundos. Sólo El, que os ha
amado hasta la muerte, (cfr Jn
13,1), es capaz de colmar vuestras
aspiraciones. Sus palabras son
palabras de vida eterna, palabras que dan
sentido a la vida. Nadie fuera
de Cristo podrá daros la verdadera
felicidad. Siguiendo el ejemplo de
María, sabed decirle a Cristo vuestro "sí"
incondicional. Que no haya en
vuestra existencia lugar para el egoísmo y
la pereza. Ahora más que
nunca es urgente que seáis los "centinelas
de la mañana ", los vigías que
anuncian la luz del alba y la nueva
primavera del Evangelio, de la que ya
se ven los brotes. La humanidad tiene
necesidad imperiosa del testimonio
de jóvenes libres y valientes, que se
atrevan a caminar contra corriente y
a proclamar con fuerza y entusiasmo la
propia fe en Dios, Señor y
Salvador.
Sabed también vosotros, queridos amigos, que
esta misión no es
fácil. Y que puede convertirse incluso en
imposible, si sólo contáis con
vosotros mismos. Pero "lo que es imposible
para los hombres, es posible
para Dios" (Lc 18,27; 1,37)» (Juan Pablo II,
JMJ2003 n 6)
En el Cenáculo la Virgen María ora junto a
los discípulos para que Jesús envíe el
Espíritu Santo y así puedan cumplir la
misión que el Señor les había encomendado.
Es lo que nosotros en este trimestre
queremos pedir al Señor junto con nuestra
Madre, que nos invada el Espíritu de amor
que nos lleve a dar la vida como Él nos
pide. En el Seminario, en nuestras familias,
en nuestros pueblos, en nuestros
ambientes, tenemos que ser los testigos del
amor de Dios, con la fuerza y alegría
que el Espíritu Santo nos comunica en
Pentecostés. Nosotros somos, aquí y ahora,
quienes tenemos que invitar con confianza a
los que nos rodean a acercarse a
Jesús y dejarle actuar, para que también
escuchen la llamada del Señor a vivir
junto a Él. |