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Soy una mamá
de un seminarista menor; no soy dada ni a
escribir ni a demostrar lo que siento, pero
esta vez me apetece hacerlo.
Me gustaría
contaros como me he sentido en Lourdes. No
tengo palabras para deciros lo que he
experimentado en estos días de
peregrinación.
En el momento
que llegamos a Lourdes y fuimos a la Gruta a
hacer la primera visita a la Virgen sentí
que Ella, nuestra Madre Misericordiosa, me
abrazaba y me daba una paz espiritual como
nunca antes había sentido.
Sé que Ella
nos mira a todos, nos acoge y nos quiere tal
como somos (con nuestras imperfecciones y
con nuestras virtudes).
Yo no he
sabido dirigirle ninguna oración, porque
cada vez que la miraba lo único que hacía
era llorar de alegría y entender que nuestra
Madre sabe todo lo que queremos decirle.
También os
pido disculpas a todos y en especial a mi
familia por no haber sabido demostrar la
alegría y la paz interior que he sentido.
Por último,
para no cansaros, sólo me queda dar las
gracias a lo Formadores, Seminaristas y
Familias por estos días que hemos pasado al
lado de nuestra Madre la Virgen de Lourdes.
Mi último
agradecimiento se lo dedico a la Virgen por
haber entrado tan dentro de nuestro corazón
y haber conseguido que le abramos nuestra
vida para intentar ser como Ella.
¡Gracias a
todos!
Ana Plaza |