“Por la
vida del mundo” (Jn 6, 51)
La Eucaristía
«La Iglesia ha recibido la Eucaristía de
Cristo, su Señor, no sólo como un don entre
otros muchos, aunque sea muy valioso, sino
como el don por excelencia, porque es don de
sí mismo, de su persona en su santa
humanidad y, además, de su obra de
salvación. Ésta no queda relegada al pasado,
pues «todo lo que Cristo es y todo lo que
hizo y padeció por los hombres participa de
la eternidad divina y domina así todos los
tiempos...».
Cuando la
Iglesia celebra la Eucaristía, memorial de
la muerte y resurrección de su Señor, se
hace realmente presente este acontecimiento
central de salvación y «se realiza la obra
de nuestra redención». Este sacrificio es
tan decisivo para la salvación del género
humano, que Jesucristo lo ha realizado y ha
vuelto al Padre sólo después de habernos
dejado el medio para participar de él, como
si hubiéramos estado presentes. Así, todo
fiel puede tomar parte en él, obteniendo
frutos inagotablemente. Ésta es la fe de la
que han vivido a lo largo de los siglos las
generaciones cristianas. Ésta es la fe que
el Magisterio de la Iglesia ha reiterado
continuamente con gozosa gratitud por tan
inestimable don. Deseo, una vez más, llamar
la atención sobre esta verdad, poniéndome
con vosotros, mis queridos hermanos y
hermanas, en adoración delante de este
Misterio: Misterio grande, Misterio de
misericordia. ¿Qué más podía hacer Jesús por
nosotros? Verdaderamente, en la Eucaristía
nos muestra un amor que llega «hasta el
extremo» (Jn 13, 1), un amor que no conoce
medida»
(Juan Pablo II, Ecclesia de Eucaristía nº
11)
Comenzamos
este nuevo Curso 2010-2011,
dedicado a la Eucaristía.
Toda la vida y actividades de nuestra
comunidad del Seminario Menor estarán
iluminadas por la presencia, la eficacia y
estilo que brotan del Sacramento del Amor.
Como lema, tendremos una cita del capítulo 6
del Evangelio de San Juan, conocido como el
discurso del pan de vida: “Por la
vida del mundo”
con el objetivo de favorecer la experiencia
cristiana de Dios, a través de la oración,
la liturgia y la Sagrada Escritura. San Juan
no relata la institución de la Eucaristía,
porque esta frase está haciendo referencia
al momento en el que Jesús reunido con los
Apóstoles, nos dio su cuerpo como alimento
para la vida del mundo. Alimento que no debe
faltar en la vida del Seminarista, ni en la
vida del cristiano, porque nos sostiene en
los momentos de desánimo y de cansancio para
seguir el camino que Él nos ha mostrado,
porque nos espera al final de nuestro
esfuerzo. Este alimento ayudó al
Beato José Sala,
primer rector de nuestro Seminario, a dar su
vida, hace 75 años, hecho que ocupará un
lugar importante a lo largo de todo el
curso.
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Primer trimestre |
Segundo trimestre |
Tercer trimestre |
|
Iglesia |
Jesucristo |
Misión |
"¿Dónde comprar pan para dar de
comer?"
(Jn 6, 5)
|
"Yo soy el Pan de Vida"
(Jn 6,48) |
"La
voluntad de mi Padre: que no pierda
nada de lo que me dio"
(Jn 6, 39) |
PRIMER TRIMESTRE
"¿Dónde
comprar pan para dar de comer?"
(Jn 6, 5)
«Con la presente Carta encíclica, deseo
suscitar este « asombro » eucarístico, en
continuidad con la herencia jubilar que he
querido dejar a la Iglesia con la Carta
apostólica Novo Millennio Ineunte y con su
coronamiento mariano Rosarium Virginis
Mariae. Contemplar el rostro de Cristo, y
contemplarlo con María, es el « programa »
que he indicado a la Iglesia en el alba del
tercer milenio, invitándola a remar mar
adentro en las aguas de la historia con el
entusiasmo de la nueva evangelización.
Contemplar a Cristo implica saber
reconocerle dondequiera que Él se
manifieste, en sus multiformes presencias,
pero sobre todo en el Sacramento vivo de su
cuerpo y de su sangre. La Iglesia vive del
Cristo eucarístico, de Él se alimenta y por
Él es iluminada. La Eucaristía es misterio
de fe y, al mismo tiempo, « misterio de luz
». Cada vez que la Iglesia la celebra, los
fieles pueden revivir de algún modo la
experiencia de los dos discípulos de Emaús:
« Entonces se les abrieron los ojos y le
reconocieron » (Lc 24, 31)» (Juan Pablo II,
Ecclesia de Eucaristía nº 6)
Esta pregunta
se la hace Jesús al Apóstol Felipe para
poner a prueba su fe y el grado de confianza
en Él. Jesús sabía que hacía falta mucho pan
para que toda la multitud pudiera comer al
menos un pedazo y que Él se encargaría de
que todos pudieran comer. No sólo aquellos
que estaban junto a Él, sino las personas de
todos los tiempos, es decir, nosotros
también podemos saciarnos con este pan que
es Él mismo que se sigue entregando en la
Iglesia. De aquí la necesidad de unirnos
todos en torno al altar para celebrar la
Eucaristía y estar con el Señor para que
nuestra fe se vaya fortaleciendo de día en
día y confiemos en el Señor plenamente, ya
que nada nos falta si permanecemos junto a
Él. Nuestra comunidad del Seminario tiene
que caminar siempre en aquella dirección que
nos lleva al encuentro con el Señor, que se
produce en la Iglesia participando de la
Eucaristía. Porque la vida del Seminario, en
definitiva, la misión de la Iglesia, no se
entiende o no se puede llevar a cabo sin la
Eucaristía, alimento que nos fortalece y nos
vivifica.
SEGUNDO TRIMESTRE
"Yo
soy el Pan de Vida"
(Jn 6, 48)
«La incorporación a Cristo, que tiene lugar
por el Bautismo, se renueva y se consolida
continuamente con la participación en el
Sacrificio eucarístico, sobre todo cuando
ésta es plena mediante la comunión
sacramental. Podemos decir que no solamente
cada uno de nosotros recibe a Cristo, sino
que también Cristo nos recibe a cada uno de
nosotros. Él estrecha su amistad con
nosotros: «Vosotros sois mis amigos» (Jn 15,
14). Más aún, nosotros vivimos gracias a Él:
«el que me coma vivirá por mí» (Jn 6, 57).
En la comunión eucarística se realiza de
manera sublime que Cristo y el discípulo
«estén» el uno en el otro: «Permaneced en
mí, como yo en vosotros» (Jn 15, 4)» (Juan
Pablo II, Ecclesia de Eucaristía n 22)
Ante la
admiración de la multitud, por el milagro
que sus ojos habían contemplado, Jesús se
presenta como el pan que baja del cielo, el
pan de vida, capaz de saciar el hambre que
el hombre tiene, que todo cristiano tiene,
de Dios. Aunque vivimos en el Seminario,
tenemos necesidad de buscar a Jesús, de
encontrarnos con Él, de descubrirle vivo y
presente en la Eucaristía y Él es el único
que puede colmar nuestra hambre, ninguna
cosa de este mundo puede llenar el corazón
como lo llena Jesús y ningún momento nos
hace sentirnos más en paz, que cuando lo
recibimos en nuestro corazón en la sagrada
comunión. Jesús Eucaristía, es el pan vivo,
el Camino, la Verdad y la Vida, el Alfa y la
Omega…. Nosotros hemos descubierto que
nuestro Dios tiene un nombre y un rostro y
un corazón… Y que tiene planes preciosos
para cada uno. Y que la vocación es un
regalo, en el que lo más importante es estar
con Él y que Él saciará nuestro corazón
inquieto inundado en deseos de descubrirle
en la Eucaristía.
TERCER TRIMESTRE
"La
voluntad de mi Padre:
que no pierda nada de lo que me dio"
(Jn 6, 39)
«En el alba de este tercer milenio todos
nosotros, hijos de la Iglesia, estamos
llamados a caminar en la vida cristiana con
un renovado impulso. Como he escrito en la
Carta apostólica Novo millennio ineunte, no
se trata de «inventar un nuevo programa. El
programa ya existe. Es el de siempre,
recogido por el Evangelio y la Tradición
viva. Se centra, en definitiva, en Cristo
mismo, al que hay que conocer, amar e
imitar, para vivir en él la vida trinitaria
y transformar con él la historia hasta su
perfeccionamiento en la Jerusalén celeste».
La realización de este programa de un nuevo
vigor de la vida cristiana pasa por la
Eucaristía.
Todo compromiso de santidad, toda acción
orientada a realizar la misión de la
Iglesia, toda puesta en práctica de planes
pastorales, ha de sacar del Misterio
eucarístico la fuerza necesaria y se ha de
ordenar a él como a su culmen. En la
Eucaristía tenemos a Jesús, tenemos su
sacrificio redentor, tenemos su
resurrección, tenemos el don del Espíritu
Santo, tenemos la adoración, la obediencia y
el amor al Padre. Si descuidáramos la
Eucaristía, ¿cómo podríamos remediar nuestra
indigencia? » (Juan Pablo II, Ecclesia de
Eucaristía, n 60)
El encuentro con el
Señor empuja al testimonio, “la caridad de Cristo nos urge”, decía San Pablo,
porque el amor de Jesús, el Buen Pastor, desde dentro de nosotros nos lleva a
buscar a los hermanos. Nuestro estilo de vida en el Seminario Menor tiene que
estar marcado por una espiritualidad sólida, con una profunda experiencia
personal de Dios y, al mismo tiempo, un compromiso y una entrega en nuestro
ambiente que haga fructificar los dones recibidos. “ A quién mucho se le dio,
mucho se le pedirá”, nos dice el Evangelio y nosotros que lo hemos recibido
todo, todo tenemos que darlo. En nuestro Seminario tenemos que estar modelados
por la Eucaristía, desde donde Jesús se sigue entregando para la vida del mundo.
Mundo tentado por el maligno y evocado al pecado, que nos lleva a dispersarnos,
heriré al pastor y se dispersarán las ovejas, pero Jesús en torno a la
Eucaristía nos quiere reunir, como la gallina reúne a los pollitos bajo sus
alas, para que no nos perdamos, para que no nos apartemos de su lado y para que
no caigamos en la tentación.
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