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Materiales

Oraciones vocacionales

 

"Rogad al Dueño de la mies que
envíe operarios a su mies"
(Mt 9, 38)

 
"Os daré pastores ..."

Oraciones para pedir
por las vocaciones sacerdotales

  "... según mi Corazón"

Oraciones para pedir
la santificación de los sacerdotes

Por las vocaciones sacerdotales y religiosas

Ofrecimiento diario de sí mismo por las vocaciones sacerdotales

Por los padres de familia

Por el Seminario

Por las vocaciones I

Por las vocaciones II

Por las vocaciones III

Por las vocaciones IV

Por las vocaciones V

Por las vocaciones (de San Juan María Vianney)

Por las vocaciones (del beato Manuel González)

Oración a San José y a Santa Teresita del Niño Jesús

 

Por los sacerdotes

Por la santidad de los sacerdotes

Oración de S.S. Pio XII

Oración de S.S. Pablo VI

Oración del Cardenal Mercier

Oración del Siervo de Dios Ángel Riesco

Oración de Mons. J. M. González

Oración de la Liturgia bizantina

Oración diaria por los sacerdotes

Para ofrecer la comunión por los sacerdotes

Ofrecimiento del Verbo Encarnado

Ofrecimiento por los sacerdotes y las vocaciones sacerdotales

Preces por los sacerdotes

Preces para pedir sacerdotes santos

Oración a San José y a Santa Teresita del Niño Jesús

Oración por un sacerdote

 

"Os daré pastores ..."

Oraciones para pedir
por las vocaciones sacerdotales

 

Por las vocaciones sacerdotales y religiosas

Señor Nuestro Jesucristo, Tú dijiste a tus Apóstoles: "la mies es mucha pero los obreros pocos; rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su campo". Humildemente te suplicamos que envíes a tu Iglesia numerosas y santas vocaciones sacerdotales y religiosas. Te lo pedimos por la intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, y por la de nuestros Santos Patronos Protectores, que con su vida y merecimientos santificaron nuestro suelo. Amén.

Ofrecimiento diario de sí mismo por las vocaciones sacerdotales

Oh Jesús, Salvador mío, Tú que confiaste a los sacerdotes, -solamente a ellos-, el poder de celebrar la Eucaristía, fin principal de su ordenación sacerdotal, perdonar los pecados, administrar otros Sacramentos, predicar con autoridad la Palabra de Dios y dirigir a los demás fieles a mirar y a subir hacia Ti, por medio de tu Santísima Madre, te ofrezco para la santificación de los sacerdotes y seminaristas, durante este día, todas mis oraciones, trabajos alegrías, mis sacrificios y sufrimientos. Danos, Señor, sacerdotes verdaderamente santos que, inflamados del fuego de Tu amor, no procuren otra cosa que Tu gloria y la salvación de aquellos a los que Tú encomendaste. Amén.

Voy a rezar en particular por esos muchachos que conozco, que tal vez puedan recibir la vocación sacerdotal, y responder a la llamada de Dios: Mira Jesús, tu Iglesia y el mundo necesitan hombres generosos que se entreguen a Ti para ser apóstoles tuyos. Elige a los que quieras; llama y da la valentía de dejarlo todo y seguirte para ser sembradores de tu doctrina de amor y portadores de tu salvación. Amén.

Por los padres de familia

Oh Dios, Tú me has concedido estos hijos. Sé que gran parte de las vocaciones surgen en familias cristianas, atraídas por la vida ejemplar de sacerdotes fieles. Elige a alguno de mis hijos para que sea sacerdote. Sé que la Iglesia los necesita para proseguir la misión de tu Hijo Jesús. Ayúdame a no ahorrar ningún medio para que cuaje en alguno de ellos tu llamada, y el resto lo confío a tu Espíritu. Guárdalos en tu amor, guíalos y protégelos. Amén.

Por el Seminario

Señor Jesucristo, que fuiste el primero que se preocupó de la formación sacerdotal de los Apóstoles, para después enviarlos a predicar, siguiendo tus huellas; te pedimos, para que las vocaciones arraiguen, que los superiores y profesores del Seminario sean sacerdotes íntimamente unidos a Ti, de vida ejemplar, hombres de fe y llenos de amor a la Iglesia. Amén.

Por las vocaciones I

Oh Jesús, Pastor Eterno de las almas, dígnate mirar con ojos de misericordia a esta porción de tu grey amada. Señor gemimos en la orfandad, danos vocaciones, danos sacerdotes y religiosos santos. Te lo pedimos por la Inmaculada Virgen María, tu dulce y santa Madre. Oh Jesús, danos vocaciones, danos sacerdotes y religiosos según tu corazón.

Por las vocaciones II

Señor Jesús, por el amor de tu Corazón y por la intercesión de tu Madre, la siempre Virgen María y de su esposo San José, te pedimos humildemente que nos hagas muy de veras agradecidos a todos tus beneficios. Concédenos, sobre todo, en prueba de tu amor para con nosotros, que todos perseveremos hasta el fin en él.

Acuérdate, Maestro bueno, que la cosecha que  ha  de ser  llevada a los eternos graneros es muy grande y los trabajadores pocos. Tú mismo dijiste: Rogad al Señor de la mies que envíe trabajadores a ella. Pues bien, nosotros te pedimos por intercesión de tu Santísima Madre y de San José, que envíes a nuestro seminario muchos y excelentes jóvenes que sean algún día fervorosos obreros de tu campo, dando la mayor gloria a tu Santo Nombre, extendiendo el culto de tu Sagrado Corazón y salvando las almas que Tú has redimido con tu Sangre. Amén.

Por las vocaciones III

¡Señor Jesucristo!, divino Pastor de las almas, que llamaste a los Apóstoles para hacerlos pescadores de hombres; atrae hacia Ti las almas ardientes y generosas de los jóvenes, para hacerlos tus seguidores y ministros. Hazlos partícipes de tu sed de redención universal, por la cual renuevas tu Sacrificio sobre tus altares. Descúbreles el horizonte del mundo entero, donde la silenciosa súplica de tantos hermanos pide la luz de la verdad y el calor del amor, para que, respondiendo a tu llamada, prolonguen aquí en la tierra tu misión, edifiquen tu Cuerpo Místico, la Iglesia, y sean sal de la tierra y luz del mundo. Extiende, Señor, tu llamada a muchas almas generosas, e infúndeles el ansia de la perfección evangélica, y de la entrega al servicio de la Iglesia y de los hermanos necesitados de asistencia y caridad. Amén.

Por las vocaciones IV

Señor Jesús, que mostrando a tus discípulos los campos llenos de mieses, les mandaste orar pidiendo al Dueño de la mies enviase obreros a su heredad: escucha nuestras súplicas y concédenos muchos y santos sacerdotes.

(Respondemos: Danos muchos y santos sacerdotes)

  • Para que no deje de celebrarse la Eucaristía.

  • Para que nuestros oídos escuchen la Palabra divina.

  • Para que alcancemos el perdón de nuestros pecados.

  • Para que tengamos quienes oren por nosotros.

  • Para que los jóvenes respondan a la llamada divina.

  • Para que los aspirantes al sacerdocio perseveren en tu santo servicio.

  • Para que las familias cristianas deseen tener un hijo sacerdote. R. Escúchanos Señor, y ten piedad.

 Oración: Dirige, Señor, tu mirada hacia nuestra necesidad, bendícela con tu mano poderosa y concédenos lo que te pedimos para que nuestro gozo sea pleno y con él te alabemos eternamente. Amén.

Por las vocaciones V

Tú sentiste la necesidad: mostraste los campos llenos; y estimulaste la oración para conseguir operarios. Queremos cumplir tu deseo, usar el medio que nos indicaste.

(Respondemos: Danos más y mejores vocaciones, que haya muchos y santos sacerdotes)

  • Para que sea constante la celebración de la Eucaristía; para que la tengamos en los templos y nos guíen a venerarla; para que nos preparen a recibirla; y no nos falte el manjar.

  • Para que visibilicen continuamente tu mediación de alabanza y acción de gracias a Dios y perdón y dones a los hombres.

  • Para que siembren la salvación; los niños aprendan la fe, los jóvenes encuentren apoyo, los adultos hallen fortaleza.

  • Para que purifiquen el mundo de mal; los pecadores se reconcilien todos tengan consejeros y celosos directores.

  • Para que los pobres tengan esperanza; los ricos, caridad; y todos, cumplida la justicia, nos amemos como hermanos.

  • Para que nuestros oídos escuchen tu palabra; veamos tu luz y sintamos tu fuerza.

  • Para que todo el mundo oiga tu pregón; en todo resuene tu gloria; el cielo se pueble de santos.

Oración: Jesús, hermano y redentor por tu venida en humildad, tus trabajos y alegrías, tu muerte y resurrección, concédenos muchos sacerdotes, fieles, llenos de fervor, amigos de tu Corazón; alienta la generosidad de los jóvenes, la comprensión y ayuda de todos; haz comprender que la Iglesia vive por tus ministros y, hay que ayudarla a tenerlos.

María, Madre del Sumo Sacerdote; san José, patrono de las vocaciones: que perseveren los sacerdotes, se formen bien los seminaristas, que tengamos más y mejores vocaciones. Amén.

Por las vocaciones (de San Juan María Vianney)

(Respondemos: Danos sacerdotes santos)

  • Señor, para celar tu honra y gloria.

  • Señor, para aumentar nuestra fe.

  • Señor, para sostener tu Iglesia.

  • Señor, para predicar tu doctrina.

  • Señor, para defender tu causa.

  • Señor, para contrarrestar el error.

  • Señor, para aniquilar las sectas.

  • Señor, para sostener la verdad.

  • Señor, para dirigir nuestras almas.

  • Señor, para mejorar las costumbres.

  • Señor, para desterrar los vicios.

  • Señor, para iluminar al mundo.

  • Señor, para enseñar las riquezas de tu Corazón.

  • Señor, para hacernos amar al Espíritu Santo.

  • Señor, para que todos tus ministros sean la luz del mundo y la sal de la tierra.

Oración: Corazón de Jesús, Sacerdote Santo, te pedimos con el mayor encarecimiento del alma, que aumentes de día en día los aspirantes al sacerdocio y que los formes según los designios de tu amante Corazón. Sólo así, conseguiremos sacerdotes santos, y pronto en el mundo no habrá más que un solo rebaño y un solo Pastor. Amén.

Por las vocaciones (del Beato Manuel González)

Señor Jesucristo, Sumo y eterno Sacerdote:

A vista de tantos Seminarios y Noviciados sin vocaciones, y de tantos pueblos sin sacerdotes ni apóstoles, movido nuestro corazón de la pena que arrancó del tuyo aquel angustioso lamento: la mies es mucha y los operarios pocos, obedientes a tu mandato de pedir por éstos, te suplicamos: 

(Respondemos: Envía operarios a tu mies, Señor)

  • Para que no falte quien lleve los niños a ti.

  • Para que vean los ciegos del alma y oigan los sordos, y resuciten los muertos y se evangelicen los pobres.

  • Para que los oprimidos del diablo sean libertados, y los justos se justifiquen más y los santos más se santifiquen.

  • Para que no deje de haber en cada pueblo quien diga a sus moradores:  he ahí vuestra Madre, mostrando a la tuya.

  • Para que todos los que sufren vayan a ti y,  descansado sobre tu pecho, encuentren la paz.

  • Para que en todo lugar se ofrezca a tu nombre la limpia oblación de la Hostia pura, santa e inmaculada.

  • Para que diariamente se realice tu gran deseo de que tus  discípulos coman tu Pascua y la casa de tu festín esté siempre llena.

  • Para que no quede un solo pueblo sin sagrario y sin sacerdote que lleve sus vecinos a él.

  • Para que tu nombre sea santificado, venga a nosotros tu reino eucarístico y por todos los hombres en la tierra se cumpla tu voluntad como por los ángeles en el cielo.

  • Señor, que la mies es mucha y los operarios muy pocos.
    R. Envíanos santos sacerdotes y religiosos, según tu Corazón.

  • María Inmaculada, Madre y Reina de los consagrados a Dios.
    R. Di a tu Hijo con la misma eficacia que en las bodas de Caná: Mis hijos de la tierra no tienen sacerdotes ni religiosos.

  • Ángeles de la guarda de los niños y de sus padres, san José, patrón de la Iglesia Universal.
    R. Pedid y trabajad por el fomento de vocaciones sacerdotales y religiosas.

Oración a San José y a Santa Teresita del Niño Jesús

Oh glorioso San José, modelo perfecto de las almas interiores; y tú, oh Santa Teresita del Niño Jesús, que en el silencio del claustro consagraste tu vida a orar por los sacerdotes; obtened para la Iglesia de Dios una abundante floración de vocaciones sacerdotales. Que estas almas escogidas renueven la tierra mediante la santidad de su vida y la pura radiación de la doctrina evangélica. De vuestra poderosa intercesión, San José y Santa Teresita, esperamos esta fecunda y necesaria lluvia de rosas. Así sea.

 
"... según mi Corazón"

Oraciones para pedir
la santificación de los sacerdotes

 

Por los sacerdotes

Señor Jesús, Pastor Supremo del rebaño, te rogamos que por el inmenso amor y misericordia de Tu Sagrado Corazón, atiendas todas las necesidades de tus sacerdotes. Te pedimos que retomes en Tu Corazón todos aquellos sacerdotes que se han alejado de tu camino, que enciendas de nuevo el deseo de santidad en los corazones de aquellos sacerdotes que han caído en la tibieza, y que continúes otorgando a tus sacerdotes fervientes el deseo de una mayor santidad. Unidos a tu Corazón y el Corazón de María, te pedimos que envíes esta petición a Tu Padre celestial en la unidad del Espíritu Santo. Amén.

Por la santidad de los sacerdotes

Oh Redentor Nuestro, acepta vivir en los sacerdotes, transfórmalos en Ti. Hazlos por tu gracia ministros de tu misericordia, obra a través suyo, y haz que, imitando fielmente tus virtudes, se revistan en todo de Ti, y actúen en Tu nombre y con la fuerza de tu Espíritu. Contempla, Señor Jesucristo, cuántos son todavía los que duermen en las tinieblas del error, cuántas son las ovejas que caminan al borde del precipicio. Dirige tu mirada a tantos y tantos pobres, hambrientos y débiles, que lloran en medio de su soledad. Vuelve Tú a nosotros por medio de tus sacerdotes. Muéstrate en ellos y, obrando a través suyo, recorre el mundo de nuevo, enseñando, perdonando, santificando y renovando los lazos de amor entre tu Corazón divino y nuestros pobres corazones. Amén.

Oración de S.S. Pio XII

Jesús, Pontífice eterno, Pastor bueno, Fuente de vida, que por singular magnificencia de tu amable Corazón nos diste a nuestros sacerdotes para que cumplieran en nosotros aquellos designios de santificación que tu gracia inspira a nuestros corazones, te suplicamos les ayudes con tu misericordioso auxilio.

            Que la fe, Señor, vivifique en ellos sus obras: que la esperanza sea indestructible en sus pruebas, que la caridad sea ardiente en sus propósitos. Tu Palabra, rayo de eterna Sabiduría, sea por la continua meditación, el alimento perenne de su vida interior: que los ejemplos de tu vida y de tu pasión se renueven en su conducta y en sus sufrimientos para enseñanza nuestra, para luz y alimento de nuestros dolores.

       Haz, Señor, que nuestros sacerdotes, desprendidos de todo interés mundano y únicamente celosos por tu gloria, permanezcan fieles a su deber, con pura conciencia, hasta el último aliento. Y cuando, por la muerte del cuerpo, pongan en tus manos la bien cumplida tarea, hallen en ti, Señor Jesús, que fuiste su Maestro en la tierra, el premio eterno de la corona de justicia en el esplendor de los santos. Así sea.

Oración de S.S. Pablo VI

Ven, oh Espíritu Santo, y da a los sacerdotes, dispensadores de los misterios de Dios, un corazón nuevo que actualice toda su educación y toda su preparación, que les haga conscientes cual sorprendente revelación del sacramento recibido, y que responda siempre con nueva ilusión a los incesantes deberes de su ministerio, en orden a tu Cuerpo Eucarístico y a tu Cuerpo Místico. Dales un corazón nuevo, siempre joven y alegre.

Ven, oh Espíritu Santo, y da a nuestros sacerdotes, discípulos y apóstoles de Cristo Señor, un corazón puro, capaz de amarle solamente a Él con la plenitud, el gozo, y la profundidad que solo Él sabe dar, cuando constituye el exclusivo y total objeto del amor de un hombre que vive de tu gracia; dales un corazón puro que sólo conozca el mal para denunciarlo, combatirlo y huir de él; un corazón puro como el de un niño, pronto al entusiasmo y a la emoción.

Ven, oh Espíritu Santo, y da a los ministros del pueblo de Dios un corazón grande, abierto a tu silenciosa y potente Palabra inspiradora; cerrado a toda ambición mezquina, a toda miserable apetencia humana; impregnado totalmente del sentido de la Santa Iglesia; un corazón grande, deseoso únicamente de igualarse al del Señor Jesús, y capaz de contener dentro de si las proporciones de la Iglesia, las dimensiones del mundo; grande y fuerte para amar a todos, para servir a todos, para sufrir por todos; grande y fuerte para superar cualquier tentación, dificultad, hastío, cansancio, desilusión, ofensa; un corazón grande, fuerte, constante, si es necesario hasta el sacrificio, feliz solamente de palpitar con el Corazón de Cristo y de cumplir con humildad, fidelidad y valentía la voluntad divina. Amén.

Oración del Cardenal Mercier

Jesús, Pastor eterno de las almas, escucha la oración que te dirigimos por los sacerdotes. Hacia ellos sientes el amor más afectuoso y más delicado de tu Corazón ese amor profundo en que parecen reunirse todos los lazos íntimos que te unen a las almas.

Mira misericordiosamente a toda esa multitud de almas ignorantes, para las cuales el sacerdote ha de ser luz; a todos esos eslavos del trabajo, que buscan a alguien que los libre de los engaños y que los salve en tu nombre.

Piensa en todos esos niños, en todos esos jóvenes, que buscan un guía capaz de llevarles hasta ti.

Piensa, Señor, en tantas criaturas que sufren y tienen necesidad de un corazón que las consuele y que las lleve a tu Corazón.

Piensa en todas las almas que podrían llegar a la perfección, si encontrasen en su camino la ayuda de un sacerdote santo.

Haz que tus sacerdotes conduzcan hacia ti a toda esta Humanidad que sucumbe de debilidad, para que toda la tierra se renueve, sea exaltada la Iglesia, y el reino de tu divino Corazón quede establecido en la paz.

Oh Virgen Inmaculada Madre del sacerdote eterno, que tuviste a Juan, el sacerdote amado de Jesús, como primer hijo adoptivo, y que, en el cenáculo presidiste como Reina la reunión de los Apóstoles, alcanza a la Iglesia de tu Hijo un continuo Pentecostés, incesantemente renovado. Así sea.

Oración del Siervo de Dios Ángel Riesco

Cuida, Señor, a los Sacerdotes, cuyas vidas se consumen ante tu  Altar, porque son Tuyos.

Protégelos, porque están en el mundo, aunque no pertenezcan al mundo.

Cuando les tienten y les seduzcan los placeres terrenos, acógelos en tu Corazón.

Confórtalos en las horas de tristeza y de soledad, cuando toda su vida de sacrificio por las almas les parezca inútil.

Cuídalos y acuérdate, ¡oh Señor!, de que no tienen más que a Ti, y de que sus corazones son humanos y frágiles.

Guárdalos tan puros como la Hostia que diariamente acarician.

Dígnate, Señor, bendecir todos sus pensamientos, palabras y acciones.

Virgen Maria, Reina y Madre de los Sacerdotes, tutela su vida y ruega por ellos. Amén.

Oración de Mons. J. M. González

Corazón de Jesús, que instituiste el sacerdocio católico en la noche de la cena, como la expresión y fruto de tu inmenso y suave amor; dígnate damos sacerdotes amantes como Tú, de las almas, de los pobres, de la Cruz; sacerdotes que a ejemplo tuyo, vayan haciendo el bien por donde pasen, y sembrando entre los hombres la paz y el perdón de los pecados.

Corazón amante de Jesús, dígnate escuchar la ferviente oración con que pide tu pueblo la santificación de sus pastores. Corazón pleno de amor, ensáñalos a amarte como deseas; hazlos santos, inmaculados, prudentes, sabios. Haz que se hagan todo a todos conforme a tu ejemplo.

Ellos son los guardianes de tu sagrado Cuerpo y Sangre; hazlos, por tanto, fieles a tan santo encargo; infúndeles la reverencia debida a tu Cuerpo, y una sed ardiente de tu Sangre, para que, gustando su dulzura, puedan satisfacerse, fortalecerse y purificarse en el fuego del amor divino.

Acoge, Señor Jesús, nuestras humildes súplicas; mira con tus divinos ojos desde el cielo a tus sacerdotes; llénalos de celo ardiente por la conversión de los pecadores; guarda sin manchas esas manos ungidas que tocan diariamente tu inmaculado Cuerpo; sella con santidad esos labios teñidos con tu preciosa Sangre; conserva puro y sobrehumano ese corazón marcado con la gloriosa señal de tu sublime sacerdocio; bendice sus trabajos con abundantes frutos, y haz que todos aquellos por quienes trabajan en la tierra, sean un día su gozo y su corona en el cielo.

Corazón Eucarístico de Jesús, modelo de los corazones sacerdotales, ¡concédenos sacerdotes santos!

Oración de la Liturgia bizantina

Señor, llena con el don del Espíritu Santo a los que te has dignado elevar al Orden Sacerdotal para que sean dignos de presentarse sin reproche ante tu altar, de anunciar el Evangelio de tu Reino, de realizar el ministerio de tu palabra de verdad, de ofrecerte los dones y sacrificios espirituales, de renovar a tu pueblo mediante el baño de la regeneración; de manera que vayan al encuentro de nuestro gran Dios y del Salvador Jesucristo, tu único Hijo, y reciban de tu inmensa bondad la recompensa de una fiel administración de su orden sacerdotal.

Oración diaria por los sacerdotes

Que todos traten de hacerse perfectos como el Padre celestial es perfecto:

(Respondemos: Señor, danos Sacerdotes santos)

  • Que la Santa Misa sea ofrecida continuamente por la vida y necesidades del mundo.

  • Que el Santísimo sea amorosamente accesible y adorado.

  • Que el Evangelio sea proclamado fielmente y sin descanso.

  • Que en la absolución sacramental encontremos nuestra paz y felicidad.

  • Que la unión en la oración traiga la unión entre todos los cristianos.

  • Que nuestras Iglesias locales y sus pastores sean siempre fieles al Santo Padre.

  • Que toda vida humana sea protegida y defendida como sagrada.

  • Que la misericordia de Dios se extienda a los pecadores, moribundos y difuntos.

  • Que la juventud tenga ayuda para crecer libre de todo vicio.

  • Que los encarcelados, los ancianos y los sin techo encuentren fe y esperanza en Cristo.

  • Que el amor de Cristo sane los desamparados, los que guarden cama y los enfermos.

  • Que Cristo sea la meta y el gozo de los jóvenes y los fuertes.

  • Que los que han oído la llamada de Dios la sigan con docilidad.

Oremos:

Dios de misericordia y santidad, escucha el grito angustiado de tu pueblo para tener sacerdotes santos que les guíen a Ti. Llena sus corazones con celo luminoso a fin de que puedan presentarse dignamente ante Ti, sean siempre fieles a tu Iglesia, y alcancen amarte con un amor eterno. Te lo pedimos por Cristo, nuestro Señor. Amén.

Para ofrecer la comunión por los sacerdotes

Padre Celestial, para mayor gloria de tu Santo Nombre, te ofrecemos al Verbo Encarnado que acabamos de recibir en el Sacramento de su Amor, y en quien tienes todas tus complacencias. Nos ofrecemos en su unión por manos de María Inmaculada, por la santificación y multiplicación de tus sacerdotes. Derrama en ellos tu Divino Espíritu, enciéndelos en amor a la Cruz y haz muy fecundo su apostolado. Amén.

Ofrecimiento del Verbo Encarnado

Padre Santo, por las manos de María te ofrecemos como víctima al Verbo Encarnado, en quien tienes todas tus complacencias. Impulsados por la caridad que el Espíritu Santo ha derramado en nuestros corazones, nos ofrecemos constantemente en su unión como hostias vivas y nos sacrificaremos por tu amor en las ocasiones que se nos presenten, implorando gracias para el mundo y la Iglesia, especialmente para los sacerdotes. Jesús, Salvador de los hombres, ¡sálvalos!

Ofrecimiento por los sacerdotes y las vocaciones sacerdotales

Oh Jesús, Salvador mío, que has confiado a los Sacerdotes, tus representantes, la aplicación de la obra de la redención y de la salvación del mundo; por mediación de tu Santísima Madre, te ofrezco en este día, para la santificación de tus Sacerdotes y seminaristas, todas mis oraciones, mis trabajos y alegrías, mis sacrificios y sufrimientos. Danos, Señor sacerdotes verdaderamente santos, que, inflamados del fuego de tu amor, no procuren otra cosa que tu mayor gloria. Presérvalos de todos los peligros interiores y exteriores; defiéndelos, sobre   todo, contra las insidias de los enemigos de su virtud y de su santa vocación sacerdotal.

Oh Maria, Madre tierna de los sacerdotes, acógelos  a  todos bajo tu especial  protección  y que tu mano maternal recoja y conduzca al Buen Pastor a los pobres sacerdotes descarriados, infieles a su vocación. Así sea.

Preces por los sacerdotes

A nuestro Beatísimo Padre el Papa, dale Señor un corazón de buen pastor.

A los sucesores de los Apóstoles, dales Señor, solicitud paternal por sus sacerdotes.

A los Obispos puestos por el Espíritu Santo, compromételos con sus ovejas, Señor.

A los párrocos, enséñales a servir y a no desear ser servidos, Señor.

A los confesores y directores espirituales, hazlos Señor, instrumentos dóciles de tu Espíritu.

A los que anuncian tu palabra, que comuniquen espíritu y vida, Señor.

A los asistentes de apostolado seglar, que lo impulsen con su testimonio, Señor.

A los que trabajan por la juventud, que la comprometan contigo, Señor.

A los que trabajan entre los pobres, haz que te vean y te sirvan en ellos, Señor.

A los que atienden a los enfermos, que les enseñen el valor del sufrimiento, Señor.

A los sacerdotes pobres, socórrelos, Señor.

A los sacerdotes enfermos, sánalos, Señor.

A los sacerdotes ancianos, dales alegre esperanza, Señor.

A los tristes y afligidos, consuélalos, Señor.

A los sacerdotes turbados, dales tu paz, Señor.

A los que están en crisis, muéstrales tu camino, Señor.

A los calumniados y perseguidos, defiende su causa, Señor.

A los sacerdotes tibios, inflámalos, Señor.

A los desalentados, reanímalos, Señor.

A los que aspiran al sacerdocio, dales la perseverancia, Señor.

A todos los sacerdotes, dales fidelidad a Ti y a tu Iglesia, Señor.

A todos los sacerdotes, dales obediencia y amor al Papa, Señor.

A todos los sacerdotes, que vivan en comunión con su Obispo, Señor.

Que todos los sacerdotes, sean uno como Tú y el Padre, Señor.

Que todos los sacerdotes, promuevan la justicia con que Tú eres justo.

Que todos los sacerdotes, colaboren en la unidad del presbiterio, Señor.

Que todos los sacerdotes, llenos de Ti, vivan con alegría en el celibato, Señor.

A todos los sacerdotes, dales la plenitud de tu Espíritu y transfórmalos en Ti, Señor.

De manera especial te ruego por aquellos sacerdotes por quienes he recibido tus gracias; el sacerdote que me bautizó, los que han absuelto mis pecados reconciliándome contigo y con tu Iglesia, aquellos en cuyas Misas he participado y que me han dado tu cuerpo en alimento, los que me han transmitido tu palabra y conducido hacia Ti.

Oremos:

Divino Corazón de Jesús, Corazón lleno de celo por la gloria de tu Padre, te rogamos por todos los sacerdotes. Por tu Espíritu Santo llénalos de fe, de celo y amor. Así sea.

Preces para pedir sacerdotes santos

(Respondemos: Señor, danos sacerdotes santos)

  • Para conseguir el perdón de los pecados.

  • Para que no nos falte la Sagrada Eucaristía.

  • Para que prediquen a Cristo, y a éste crucificado.

  • Para que den testimonio de la Verdad.

  • Para que los niños conserven la Gracia.

  • Para que la juventud conozca y siga a Cristo.

  • Para que los mayores conformen sus vidas según la Ley de Dios.

  • Para que tengamos hogares cristianos.

  • Para que en nuestros pueblos se viva la unión y la caridad cristiana.

  • Para que los enfermos reciban los auxilios espirituales.

  • Para que nos acompañen a la hora de nuestra muerte, y ofrezcan la Santa Misa por nosotros.

Santa María, Madre de la Iglesia, Reina de los Apóstoles, alcánzanos del Señor muchos y santos sacerdotes. Así sea.

Oración a San José y a Santa Teresita del Niño Jesús

Oh Jesús que has instituido el sacerdocio para continuar en la tierra la obra divina de salvar a las almas protege a tus sacerdotes (especialmente a: ..............) en el refugio de tu Sagrado Corazón. Guarda sin mancha sus manos consagradas, que a diario tocan tu Sagrado Cuerpo, y conserva puros sus labios teñidos con tu preciosa Sangre. Haz que se preserven puros sus corazones, marcados con el sello sublime del sacerdocio, no permitas que el espíritu del mundo los contamine.

Aumenta el número de tus apóstoles, y que tu Santo Amor los proteja de todo peligro. Bendice sus trabajos y fatigas, y que como fruto de su apostolado obtengan la salvación de muchas almas que sean su consuelo aquí en la tierra y su corona eterna en el Cielo. Amén

Oración por un sacerdote

Dios todopoderoso y eterno, dígnate mirar el rostro de tu Cristo, el Eterno y Sumo Sacerdote, y por amor a Él, ten piedad de tu sacerdote (nombre del sacerdote).

  • Recuerda, oh Dios misericordioso que es débil y frágil criatura.
    R. Mantén vivo en él el fuego de tu amor.

  • Guárdale junto a Ti para que el demonio no prevalezca contra él.
    R. Y para que en ningún momento sea indigno de su sublime vocación.

  • ¡Oh Jesús!, te ruego por su fidelidad y fervor sacerdotal.
    R. Si estuviese tibio o fuera infiel. ¡Ten piedad de él!

  • Por su trabajo en las misiones lejanas o cercanas; por sus momentos de tentación, soledad, desolación en su juventud o en su madurez.
    R. ¡Ayúdalo Señor!

  • En los momentos de oscuridad cuando los pensamientos del mundo confundan en él tus enseñanzas y tu palabra.
    R. ¡Ilumínalo Señor! 

  • En sus momentos de sufrimientos, enfermedad, agonía, dolor.
    R. ¡Confórtalo Señor!

  • ¡Oh Jesús!, guárdalo a él junto a tu Corazón y concédele abundantes bendiciones en el tiempo y en la eternidad.
    R. Amén.

 

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