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Por las vocaciones
sacerdotales y religiosas

Señor Nuestro
Jesucristo, Tú dijiste a tus Apóstoles: "la
mies es mucha pero los obreros pocos; rogad
al Señor de la mies que envíe obreros a su
campo". Humildemente te suplicamos que
envíes a tu Iglesia numerosas y santas
vocaciones sacerdotales y religiosas. Te lo
pedimos por la intercesión de la Santísima
Virgen María, nuestra Madre, y por la de
nuestros Santos Patronos Protectores, que
con su vida y merecimientos santificaron
nuestro suelo. Amén.
Ofrecimiento diario de sí
mismo por las vocaciones sacerdotales

Oh Jesús,
Salvador mío, Tú que confiaste a los
sacerdotes, -solamente a ellos-, el poder de
celebrar la Eucaristía, fin principal de su
ordenación sacerdotal, perdonar los pecados,
administrar otros Sacramentos, predicar con
autoridad la Palabra de Dios y dirigir a los
demás fieles a mirar y a subir hacia Ti, por
medio de tu Santísima Madre, te ofrezco para
la santificación de los sacerdotes y
seminaristas, durante este día, todas mis
oraciones, trabajos alegrías, mis
sacrificios y sufrimientos. Danos, Señor,
sacerdotes verdaderamente santos que,
inflamados del fuego de Tu amor, no procuren
otra cosa que Tu gloria y la salvación de
aquellos a los que Tú encomendaste. Amén.
Voy a rezar en
particular por esos muchachos que conozco,
que tal vez puedan recibir la vocación
sacerdotal, y responder a la llamada de
Dios: Mira Jesús, tu Iglesia y el mundo
necesitan hombres generosos que se entreguen
a Ti para ser apóstoles tuyos. Elige a los
que quieras; llama y da la valentía de
dejarlo todo y seguirte para ser sembradores
de tu doctrina de amor y portadores de tu
salvación. Amén.
Por los padres de familia

Oh Dios, Tú me
has concedido estos hijos. Sé que gran parte
de las vocaciones surgen en familias
cristianas, atraídas por la vida ejemplar de
sacerdotes fieles. Elige a alguno de mis
hijos para que sea sacerdote. Sé que la
Iglesia los necesita para proseguir la
misión de tu Hijo Jesús. Ayúdame a no
ahorrar ningún medio para que cuaje en
alguno de ellos tu llamada, y el resto lo
confío a tu Espíritu. Guárdalos en tu amor,
guíalos y protégelos. Amén.
Por el Seminario

Señor
Jesucristo, que fuiste el primero que se
preocupó de la formación sacerdotal de los
Apóstoles, para después enviarlos a
predicar, siguiendo tus huellas; te pedimos,
para que las vocaciones arraiguen, que los
superiores y profesores del Seminario sean
sacerdotes íntimamente unidos a Ti, de vida
ejemplar, hombres de fe y llenos de amor a
la Iglesia. Amén.
Por las vocaciones I

Oh Jesús,
Pastor Eterno de las almas, dígnate mirar
con ojos de misericordia a esta porción de
tu grey amada. Señor gemimos en la orfandad,
danos vocaciones, danos sacerdotes y
religiosos santos. Te lo pedimos por la
Inmaculada Virgen María, tu dulce y santa
Madre. Oh Jesús, danos vocaciones, danos
sacerdotes y religiosos según tu corazón.
Por las vocaciones II

Señor Jesús,
por el amor de tu Corazón y por la
intercesión de tu Madre, la siempre Virgen
María y de su esposo San José, te pedimos
humildemente que nos hagas muy de veras
agradecidos a todos tus beneficios.
Concédenos, sobre todo, en prueba de tu amor
para con nosotros, que todos perseveremos
hasta el fin en él.
Acuérdate,
Maestro bueno, que la cosecha que ha de
ser llevada a los eternos graneros es muy
grande y los trabajadores pocos. Tú mismo
dijiste: Rogad al Señor de la mies que envíe
trabajadores a ella. Pues bien, nosotros te
pedimos por intercesión de tu Santísima
Madre y de San José, que envíes a nuestro
seminario muchos y excelentes jóvenes que
sean algún día fervorosos obreros de tu
campo, dando la mayor gloria a tu Santo
Nombre, extendiendo el culto de tu Sagrado
Corazón y salvando las almas que Tú has
redimido con tu Sangre. Amén.
Por las vocaciones III

¡Señor
Jesucristo!, divino Pastor de las almas, que
llamaste a los Apóstoles para hacerlos
pescadores de hombres; atrae hacia Ti las
almas ardientes y generosas de los jóvenes,
para hacerlos tus seguidores y ministros.
Hazlos partícipes de tu sed de redención
universal, por la cual renuevas tu
Sacrificio sobre tus altares. Descúbreles el
horizonte del mundo entero, donde la
silenciosa súplica de tantos hermanos pide
la luz de la verdad y el calor del amor,
para que, respondiendo a tu llamada,
prolonguen aquí en la tierra tu misión,
edifiquen tu Cuerpo Místico, la Iglesia, y
sean sal de la tierra y luz del mundo.
Extiende, Señor, tu llamada a muchas almas
generosas, e infúndeles el ansia de la
perfección evangélica, y de la entrega al
servicio de la Iglesia y de los hermanos
necesitados de asistencia y caridad. Amén.
Por las vocaciones IV

Señor Jesús,
que mostrando a tus discípulos los campos
llenos de mieses, les mandaste orar pidiendo
al Dueño de la mies enviase obreros a su
heredad: escucha nuestras súplicas y
concédenos muchos y santos sacerdotes.
(Respondemos:
Danos muchos y santos sacerdotes)
-
Para que
no deje de celebrarse la Eucaristía.
-
Para que
nuestros oídos escuchen la Palabra
divina.
-
Para que
alcancemos el perdón de nuestros
pecados.
-
Para que
tengamos quienes oren por nosotros.
-
Para que
los jóvenes respondan a la llamada
divina.
-
Para que
los aspirantes al sacerdocio perseveren
en tu santo servicio.
-
Para que
las familias cristianas deseen tener un
hijo sacerdote. R. Escúchanos
Señor, y ten piedad.
Oración:
Dirige, Señor, tu mirada hacia nuestra
necesidad, bendícela con tu mano poderosa y
concédenos lo que te pedimos para que
nuestro gozo sea pleno y con él te alabemos
eternamente. Amén.
Por las vocaciones V

Tú sentiste la
necesidad: mostraste los campos llenos; y
estimulaste la oración para conseguir
operarios. Queremos cumplir tu deseo, usar
el medio que nos indicaste.
(Respondemos:
Danos más y mejores vocaciones, que haya
muchos y santos sacerdotes)
-
Para que sea constante la
celebración de la Eucaristía; para que
la tengamos en los templos y nos guíen a
venerarla; para que nos preparen a
recibirla; y no nos falte el manjar.
-
Para que visibilicen
continuamente tu mediación de alabanza y
acción de gracias a Dios y perdón y
dones a los hombres.
-
Para que siembren la
salvación; los niños aprendan la fe, los
jóvenes encuentren apoyo, los adultos
hallen fortaleza.
-
Para que purifiquen el
mundo de mal; los pecadores se
reconcilien todos tengan consejeros y
celosos directores.
-
Para que los pobres
tengan esperanza; los ricos, caridad; y
todos, cumplida la justicia, nos amemos
como hermanos.
-
Para que nuestros oídos
escuchen tu palabra; veamos tu luz y
sintamos tu fuerza.
-
Para que todo el mundo
oiga tu pregón; en todo resuene tu
gloria; el cielo se pueble de santos.
Oración:
Jesús, hermano y redentor por tu venida en
humildad, tus trabajos y alegrías, tu muerte
y resurrección, concédenos muchos
sacerdotes, fieles, llenos de fervor, amigos
de tu Corazón; alienta la generosidad de los
jóvenes, la comprensión y ayuda de todos;
haz comprender que la Iglesia vive por tus
ministros y, hay que ayudarla a tenerlos.
María, Madre
del Sumo Sacerdote; san José, patrono de las
vocaciones: que perseveren los sacerdotes,
se formen bien los seminaristas, que
tengamos más y mejores vocaciones. Amén.
Por las vocaciones (de San
Juan María Vianney)

(Respondemos:
Danos sacerdotes santos)
-
Señor,
para celar tu honra y gloria.
-
Señor,
para aumentar nuestra fe.
-
Señor,
para sostener tu Iglesia.
-
Señor,
para predicar tu doctrina.
-
Señor,
para defender tu causa.
-
Señor,
para contrarrestar el error.
-
Señor,
para aniquilar las sectas.
-
Señor,
para sostener la verdad.
-
Señor,
para dirigir nuestras almas.
-
Señor,
para mejorar las costumbres.
-
Señor,
para desterrar los vicios.
-
Señor,
para iluminar al mundo.
-
Señor,
para enseñar las riquezas de tu Corazón.
-
Señor,
para hacernos amar al Espíritu Santo.
-
Señor,
para que todos tus ministros sean la luz
del mundo y la sal de la tierra.
Oración:
Corazón de Jesús, Sacerdote Santo, te
pedimos con el mayor encarecimiento del
alma, que aumentes de día en día los
aspirantes al sacerdocio y que los formes
según los designios de tu amante Corazón.
Sólo así, conseguiremos sacerdotes santos, y
pronto en el mundo no habrá más que un solo
rebaño y un solo Pastor. Amén.
Por las vocaciones (del
Beato Manuel González)

Señor
Jesucristo, Sumo y eterno Sacerdote:
A vista de
tantos Seminarios y Noviciados sin
vocaciones, y de tantos pueblos sin
sacerdotes ni apóstoles, movido nuestro
corazón de la pena que arrancó del tuyo
aquel angustioso lamento: la mies es mucha y
los operarios pocos, obedientes a tu mandato
de pedir por éstos, te suplicamos:
(Respondemos:
Envía operarios a tu mies, Señor)
-
Para que
no falte quien lleve los niños a ti.
-
Para que
vean los ciegos del alma y oigan los
sordos, y resuciten los muertos y se
evangelicen los pobres.
-
Para que
los oprimidos del diablo sean
libertados, y los justos se justifiquen
más y los santos más se santifiquen.
-
Para que
no deje de haber en cada pueblo quien
diga a sus moradores: he ahí vuestra
Madre, mostrando a la tuya.
-
Para que
todos los que sufren vayan a ti y,
descansado sobre tu pecho, encuentren la
paz.
-
Para que
en todo lugar se ofrezca a tu nombre la
limpia oblación de la Hostia pura, santa
e inmaculada.
-
Para que
diariamente se realice tu gran deseo de
que tus discípulos coman tu Pascua y la
casa de tu festín esté siempre llena.
-
Para que
no quede un solo pueblo sin sagrario y
sin sacerdote que lleve sus vecinos a
él.
-
Para que
tu nombre sea santificado, venga a
nosotros tu reino eucarístico y por
todos los hombres en la tierra se cumpla
tu voluntad como por los ángeles en el
cielo.
-
Señor, que
la mies es mucha y los operarios muy
pocos.
R. Envíanos santos sacerdotes
y religiosos, según tu Corazón.
-
María
Inmaculada, Madre y Reina de los
consagrados a Dios.
R. Di a tu Hijo con la misma
eficacia que en las bodas de Caná: Mis
hijos de la tierra no tienen sacerdotes
ni religiosos.
-
Ángeles
de la guarda de los niños
y de sus padres, san José, patrón de la
Iglesia Universal.
R.
Pedid y trabajad por el
fomento de vocaciones sacerdotales y
religiosas.
Oración a San José y a
Santa Teresita del Niño Jesús

Oh glorioso
San José, modelo perfecto de las almas
interiores; y tú, oh Santa Teresita del Niño
Jesús, que en el silencio del claustro
consagraste tu vida a orar por los
sacerdotes; obtened para la Iglesia de Dios
una abundante floración de vocaciones
sacerdotales. Que estas almas escogidas
renueven la tierra mediante la santidad de
su vida y la pura radiación de la doctrina
evangélica. De vuestra poderosa intercesión,
San José y Santa Teresita, esperamos esta
fecunda y necesaria lluvia de rosas. Así
sea.
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Por los sacerdotes

Señor Jesús,
Pastor Supremo del rebaño, te rogamos que
por el inmenso amor y misericordia de Tu
Sagrado Corazón, atiendas todas las
necesidades de tus sacerdotes. Te pedimos
que retomes en Tu Corazón todos aquellos
sacerdotes que se han alejado de tu camino,
que enciendas de nuevo el deseo de santidad
en los corazones de aquellos sacerdotes que
han caído en la tibieza, y que continúes
otorgando a tus sacerdotes fervientes el
deseo de una mayor santidad. Unidos a tu
Corazón y el Corazón de María, te pedimos
que envíes esta petición a Tu Padre
celestial en la unidad del Espíritu Santo.
Amén.
Por la santidad de los
sacerdotes

Oh Redentor
Nuestro, acepta vivir en los sacerdotes,
transfórmalos en Ti. Hazlos por tu gracia
ministros de tu misericordia, obra a través
suyo, y haz que, imitando fielmente tus
virtudes, se revistan en todo de Ti, y
actúen en Tu nombre y con la fuerza de tu
Espíritu. Contempla, Señor Jesucristo,
cuántos son todavía los que duermen en las
tinieblas del error, cuántas son las ovejas
que caminan al borde del precipicio. Dirige
tu mirada a tantos y tantos pobres,
hambrientos y débiles, que lloran en medio
de su soledad. Vuelve Tú a nosotros por
medio de tus sacerdotes. Muéstrate en ellos
y, obrando a través suyo, recorre el mundo
de nuevo, enseñando, perdonando,
santificando y renovando los lazos de amor
entre tu Corazón divino y nuestros pobres
corazones. Amén.
Oración de S.S. Pio XII

Jesús,
Pontífice eterno, Pastor bueno, Fuente de
vida, que por singular magnificencia de tu
amable Corazón nos diste a nuestros
sacerdotes para que cumplieran en nosotros
aquellos designios de santificación que tu
gracia inspira a nuestros corazones, te
suplicamos les ayudes con tu misericordioso
auxilio.
Que la fe, Señor, vivifique en ellos sus
obras: que la esperanza sea indestructible
en sus pruebas, que la caridad sea ardiente
en sus propósitos. Tu Palabra, rayo de
eterna Sabiduría, sea por la continua
meditación, el alimento perenne de su vida
interior: que los ejemplos de tu vida y de
tu pasión se renueven en su conducta y en
sus sufrimientos para enseñanza nuestra,
para luz y alimento de nuestros dolores.
Haz,
Señor, que nuestros sacerdotes, desprendidos
de todo interés mundano y únicamente celosos
por tu gloria, permanezcan fieles a su
deber, con pura conciencia, hasta el último
aliento. Y cuando, por la muerte del cuerpo,
pongan en tus manos la bien cumplida tarea,
hallen en ti, Señor Jesús, que fuiste su
Maestro en la tierra, el premio eterno de la
corona de justicia en el esplendor de los
santos. Así sea.
Oración de S.S. Pablo VI

Ven, oh
Espíritu Santo, y da a los sacerdotes,
dispensadores de los misterios de Dios, un
corazón nuevo que actualice toda su
educación y toda su preparación, que les
haga conscientes cual sorprendente
revelación del sacramento recibido, y que
responda siempre con nueva ilusión a los
incesantes deberes de su ministerio, en
orden a tu Cuerpo Eucarístico y a tu Cuerpo
Místico. Dales un corazón nuevo, siempre
joven y alegre.
Ven, oh
Espíritu Santo, y da a nuestros sacerdotes,
discípulos y apóstoles de Cristo Señor, un
corazón puro, capaz de amarle solamente a Él
con la plenitud, el gozo, y la profundidad
que solo Él sabe dar, cuando constituye el
exclusivo y total objeto del amor de un
hombre que vive de tu gracia; dales un
corazón puro que sólo conozca el mal para
denunciarlo, combatirlo y huir de él; un
corazón puro como el de un niño, pronto al
entusiasmo y a la emoción.
Ven, oh
Espíritu Santo, y da a los ministros del
pueblo de Dios un corazón grande, abierto a
tu silenciosa y potente Palabra inspiradora;
cerrado a toda ambición mezquina, a toda
miserable apetencia humana; impregnado
totalmente del sentido de la Santa Iglesia;
un corazón grande, deseoso únicamente de
igualarse al del Señor Jesús, y capaz de
contener dentro de si las proporciones de la
Iglesia, las dimensiones del mundo; grande y
fuerte para amar a todos, para servir a
todos, para sufrir por todos; grande y
fuerte para superar cualquier tentación,
dificultad, hastío, cansancio, desilusión,
ofensa; un corazón grande, fuerte,
constante, si es necesario hasta el
sacrificio, feliz solamente de palpitar con
el Corazón de Cristo y de cumplir con
humildad, fidelidad y valentía la voluntad
divina. Amén.
Oración del Cardenal
Mercier

Jesús, Pastor
eterno de las almas, escucha la oración que
te dirigimos por los sacerdotes. Hacia ellos
sientes el amor más afectuoso y más delicado
de tu Corazón ese amor profundo en que
parecen reunirse todos los lazos íntimos que
te unen a las almas.
Mira
misericordiosamente a toda esa multitud de
almas ignorantes, para las cuales el
sacerdote ha de ser luz; a todos esos
eslavos del trabajo, que buscan a alguien
que los libre de los engaños y que los salve
en tu nombre.
Piensa en
todos esos niños, en todos esos jóvenes, que
buscan un guía capaz de llevarles hasta ti.
Piensa, Señor,
en tantas criaturas que sufren y tienen
necesidad de un corazón que las consuele y
que las lleve a tu Corazón.
Piensa en
todas las almas que podrían llegar a la
perfección, si encontrasen en su camino la
ayuda de un sacerdote santo.
Haz que tus
sacerdotes conduzcan hacia ti a toda esta
Humanidad que sucumbe de debilidad, para que
toda la tierra se renueve, sea exaltada la
Iglesia, y el reino de tu divino Corazón
quede establecido en la paz.
Oh Virgen
Inmaculada Madre del sacerdote eterno, que
tuviste a Juan, el sacerdote amado de Jesús,
como primer hijo adoptivo, y que, en el
cenáculo presidiste como Reina la reunión de
los Apóstoles, alcanza a la Iglesia de tu
Hijo un continuo Pentecostés, incesantemente
renovado. Así sea.
Oración del Siervo de Dios
Ángel Riesco

Cuida, Señor,
a los Sacerdotes, cuyas vidas se consumen
ante tu Altar, porque son Tuyos.
Protégelos,
porque están en el mundo, aunque no
pertenezcan al mundo.
Cuando les
tienten y les seduzcan los placeres
terrenos, acógelos en tu Corazón.
Confórtalos en
las horas de tristeza y de soledad, cuando
toda su vida de sacrificio por las almas les
parezca inútil.
Cuídalos y
acuérdate, ¡oh Señor!, de que no tienen más
que a Ti, y de que sus corazones son humanos
y frágiles.
Guárdalos tan
puros como la Hostia que diariamente
acarician.
Dígnate,
Señor, bendecir todos sus pensamientos,
palabras y acciones.
Virgen Maria,
Reina y Madre de los Sacerdotes, tutela su
vida y ruega por ellos. Amén.
Oración de Mons. J. M.
González

Corazón de
Jesús, que instituiste el sacerdocio
católico en la noche de la cena, como la
expresión y fruto de tu inmenso y suave
amor; dígnate damos sacerdotes amantes como
Tú, de las almas, de los pobres, de la Cruz;
sacerdotes que a ejemplo tuyo, vayan
haciendo el bien por donde pasen, y
sembrando entre los hombres la paz y el
perdón de los pecados.
Corazón amante
de Jesús, dígnate escuchar la ferviente
oración con que pide tu pueblo la
santificación de sus pastores. Corazón pleno
de amor, ensáñalos a amarte como deseas;
hazlos santos, inmaculados, prudentes,
sabios. Haz que se hagan todo a todos
conforme a tu ejemplo.
Ellos son los
guardianes de tu sagrado Cuerpo y Sangre;
hazlos, por tanto, fieles a tan santo
encargo; infúndeles la reverencia debida a
tu Cuerpo, y una sed ardiente de tu Sangre,
para que, gustando su dulzura, puedan
satisfacerse, fortalecerse y purificarse en
el fuego del amor divino.
Acoge, Señor
Jesús, nuestras humildes súplicas; mira con
tus divinos ojos desde el cielo a tus
sacerdotes; llénalos de celo ardiente por la
conversión de los pecadores; guarda sin
manchas esas manos ungidas que tocan
diariamente tu inmaculado Cuerpo; sella con
santidad esos labios teñidos con tu preciosa
Sangre; conserva puro y sobrehumano ese
corazón marcado con la gloriosa señal de tu
sublime sacerdocio; bendice sus trabajos con
abundantes frutos, y haz que todos aquellos
por quienes trabajan en la tierra, sean un
día su gozo y su corona en el cielo.
Corazón
Eucarístico de Jesús, modelo de los
corazones sacerdotales, ¡concédenos
sacerdotes santos!
Oración de la Liturgia
bizantina

Señor, llena
con el don del Espíritu Santo a los que te
has dignado elevar al Orden Sacerdotal para
que sean dignos de presentarse sin reproche
ante tu altar, de anunciar el Evangelio de
tu Reino, de realizar el ministerio de tu
palabra de verdad, de ofrecerte los dones y
sacrificios espirituales, de renovar a tu
pueblo mediante el baño de la regeneración;
de manera que vayan al encuentro de nuestro
gran Dios y del Salvador Jesucristo, tu
único Hijo, y reciban de tu inmensa bondad
la recompensa de una fiel administración de
su orden sacerdotal.
Oración diaria por los
sacerdotes

Que todos
traten de hacerse perfectos como el Padre
celestial es perfecto:
(Respondemos:
Señor, danos Sacerdotes santos)
-
Que la
Santa Misa sea ofrecida continuamente
por la vida y necesidades del mundo.
-
Que el
Santísimo sea amorosamente accesible y
adorado.
-
Que el
Evangelio sea proclamado fielmente y sin
descanso.
-
Que en la
absolución sacramental encontremos
nuestra paz y felicidad.
-
Que la
unión en la oración traiga la unión
entre todos los cristianos.
-
Que
nuestras Iglesias locales y sus pastores
sean siempre fieles al Santo Padre.
-
Que toda
vida humana sea protegida y defendida
como sagrada.
-
Que la
misericordia de Dios se extienda a los
pecadores, moribundos y difuntos.
-
Que la
juventud tenga ayuda para crecer libre
de todo vicio.
-
Que los
encarcelados, los ancianos y los sin
techo encuentren fe y esperanza en
Cristo.
-
Que el
amor de Cristo sane los desamparados,
los que guarden cama y los enfermos.
-
Que Cristo
sea la meta y el gozo de los jóvenes y
los fuertes.
-
Que los
que han oído la llamada de Dios la sigan
con docilidad.
Oremos:
Dios de
misericordia y santidad, escucha el grito
angustiado de tu pueblo para tener
sacerdotes santos que les guíen a Ti. Llena
sus corazones con celo luminoso a fin de que
puedan presentarse dignamente ante Ti, sean
siempre fieles a tu Iglesia, y alcancen
amarte con un amor eterno. Te lo pedimos por
Cristo, nuestro Señor. Amén.
Para ofrecer la comunión
por los sacerdotes

Padre
Celestial, para mayor gloria de tu Santo
Nombre, te ofrecemos al Verbo Encarnado que
acabamos de recibir en el Sacramento de su
Amor, y en quien tienes todas tus
complacencias. Nos ofrecemos en su unión por
manos de María Inmaculada, por la
santificación y multiplicación de tus
sacerdotes. Derrama en ellos tu Divino
Espíritu, enciéndelos en amor a la Cruz y
haz muy fecundo su apostolado. Amén.
Ofrecimiento del Verbo
Encarnado

Padre Santo,
por las manos de María te ofrecemos como
víctima al Verbo Encarnado, en quien tienes
todas tus complacencias. Impulsados por la
caridad que el Espíritu Santo ha derramado
en nuestros corazones, nos ofrecemos
constantemente en su unión como hostias
vivas y nos sacrificaremos por tu amor en
las ocasiones que se nos presenten,
implorando gracias para el mundo y la
Iglesia, especialmente para los sacerdotes.
Jesús, Salvador de los hombres, ¡sálvalos!
Ofrecimiento por los
sacerdotes y las vocaciones sacerdotales

Oh Jesús,
Salvador mío, que has confiado a los
Sacerdotes, tus representantes, la
aplicación de la obra de la redención y de
la salvación del mundo; por mediación de tu
Santísima Madre, te ofrezco en este día,
para la santificación de tus Sacerdotes y
seminaristas, todas mis oraciones, mis
trabajos y alegrías, mis sacrificios y
sufrimientos. Danos, Señor sacerdotes
verdaderamente santos, que, inflamados del
fuego de tu amor, no procuren otra cosa que
tu mayor gloria. Presérvalos de todos los
peligros interiores y exteriores;
defiéndelos, sobre todo, contra las
insidias de los enemigos de su virtud y de
su santa vocación sacerdotal.
Oh Maria,
Madre tierna de los sacerdotes, acógelos a
todos bajo tu especial protección y que tu
mano maternal recoja y conduzca al Buen
Pastor a los pobres sacerdotes descarriados,
infieles a su vocación. Así sea.
Preces por los sacerdotes

A nuestro
Beatísimo Padre el Papa, dale Señor un
corazón de buen pastor.
A los
sucesores de los Apóstoles, dales Señor,
solicitud paternal por sus sacerdotes.
A los Obispos
puestos por el Espíritu Santo, compromételos
con sus ovejas, Señor.
A los
párrocos, enséñales a servir y a no desear
ser servidos, Señor.
A los
confesores y directores espirituales, hazlos
Señor, instrumentos dóciles de tu Espíritu.
A los que
anuncian tu palabra, que comuniquen espíritu
y vida, Señor.
A los
asistentes de apostolado seglar, que lo
impulsen con su testimonio, Señor.
A los que
trabajan por la juventud, que la comprometan
contigo, Señor.
A los que
trabajan entre los pobres, haz que te vean y
te sirvan en ellos, Señor.
A los que
atienden a los enfermos, que les enseñen el
valor del sufrimiento, Señor.
A los
sacerdotes pobres, socórrelos, Señor.
A los
sacerdotes enfermos, sánalos, Señor.
A los
sacerdotes ancianos, dales alegre esperanza,
Señor.
A los tristes
y afligidos, consuélalos, Señor.
A los
sacerdotes turbados, dales tu paz, Señor.
A los que
están en crisis, muéstrales tu camino,
Señor.
A los
calumniados y perseguidos, defiende su
causa, Señor.
A los
sacerdotes tibios, inflámalos, Señor.
A los
desalentados, reanímalos, Señor.
A los que
aspiran al sacerdocio, dales la
perseverancia, Señor.
A todos los
sacerdotes, dales fidelidad a Ti y a tu
Iglesia, Señor.
A todos los
sacerdotes, dales obediencia y amor al Papa,
Señor.
A todos los
sacerdotes, que vivan en comunión con su
Obispo, Señor.
Que todos los
sacerdotes, sean uno como Tú y el Padre,
Señor.
Que todos los
sacerdotes, promuevan la justicia con que Tú
eres justo.
Que todos los
sacerdotes, colaboren en la unidad del
presbiterio, Señor.
Que todos los
sacerdotes, llenos de Ti, vivan con alegría
en el celibato, Señor.
A todos los
sacerdotes, dales la plenitud de tu Espíritu
y transfórmalos en Ti, Señor.
De manera
especial te ruego por aquellos sacerdotes
por quienes he recibido tus gracias; el
sacerdote que me bautizó, los que han
absuelto mis pecados reconciliándome contigo
y con tu Iglesia, aquellos en cuyas Misas he
participado y que me han dado tu cuerpo en
alimento, los que me han transmitido tu
palabra y conducido hacia Ti.
Oremos:
Divino Corazón
de Jesús, Corazón lleno de celo por la
gloria de tu Padre, te rogamos por todos los
sacerdotes. Por tu Espíritu Santo llénalos
de fe, de celo y amor. Así sea.
Preces para pedir
sacerdotes santos

(Respondemos:
Señor, danos sacerdotes santos)
-
Para
conseguir el perdón de los pecados.
-
Para que
no nos falte la Sagrada Eucaristía.
-
Para que
prediquen a Cristo, y a éste
crucificado.
-
Para que
den testimonio de la Verdad.
-
Para que
los niños conserven la Gracia.
-
Para que
la juventud conozca y siga a Cristo.
-
Para que
los mayores conformen sus vidas según la
Ley de Dios.
-
Para que
tengamos hogares cristianos.
-
Para que
en nuestros pueblos se viva la unión y
la caridad cristiana.
-
Para que
los enfermos reciban los auxilios
espirituales.
-
Para que
nos acompañen a la hora de nuestra
muerte, y ofrezcan la Santa Misa por
nosotros.
Santa María,
Madre de la Iglesia, Reina de los Apóstoles,
alcánzanos del Señor muchos y santos
sacerdotes. Así sea.
Oración a San José y a
Santa Teresita del Niño Jesús

Oh Jesús que
has instituido el sacerdocio para continuar
en la tierra la obra divina de salvar a las
almas protege a tus sacerdotes
(especialmente a: ..............) en el
refugio de tu Sagrado Corazón. Guarda sin
mancha sus manos consagradas, que a diario
tocan tu Sagrado Cuerpo, y conserva puros
sus labios teñidos con tu preciosa Sangre.
Haz que se preserven puros sus corazones,
marcados con el sello sublime del
sacerdocio, no permitas que el espíritu del
mundo los contamine.
Aumenta el
número de tus apóstoles, y que tu Santo Amor
los proteja de todo peligro. Bendice sus
trabajos y fatigas, y que como fruto de su
apostolado obtengan la salvación de muchas
almas que sean su consuelo aquí en la tierra
y su corona eterna en el Cielo. Amén
Oración por un sacerdote

Dios
todopoderoso y eterno, dígnate mirar el
rostro de tu Cristo, el Eterno y Sumo
Sacerdote, y por amor a Él, ten piedad de tu
sacerdote (nombre del sacerdote).
-
Recuerda,
oh Dios misericordioso que es débil y
frágil criatura.
R. Mantén vivo en él el fuego de tu
amor.
-
Guárdale
junto a Ti para que el demonio no
prevalezca contra él.
R. Y para que en ningún momento sea
indigno de su sublime vocación.
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¡Oh
Jesús!, te ruego por su fidelidad y
fervor sacerdotal.
R. Si estuviese tibio o fuera infiel.
¡Ten piedad de él!
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Por su
trabajo en las misiones lejanas o
cercanas; por sus momentos de tentación,
soledad, desolación en su juventud o en
su madurez.
R. ¡Ayúdalo Señor!
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En los
momentos de oscuridad cuando los
pensamientos del mundo confundan en él
tus enseñanzas y tu palabra.
R. ¡Ilumínalo Señor!
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En sus
momentos de sufrimientos, enfermedad,
agonía, dolor.
R. ¡Confórtalo Señor!
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¡Oh
Jesús!, guárdalo a él junto a tu Corazón
y concédele abundantes bendiciones en el
tiempo y en la eternidad.
R. Amén.
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