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Seminario Menor
«Santo Tomás de Villanueva»

Nuestro Seminario Menor lleva 100 años al servicio de la educación de adolescentes y jóvenes que manifiestan el deseo de seguir a Cristo o están abiertos a acoger el don precioso de la vocación sacerdotal
 
El Seminario incorpora la excelencia académica en un programa de educación integral destinado a formar hombres virtuosos, maduros y amigos fieles de Cristo.
 
La experiencia centenaria de nuestro seminario demuestra que el desarrollo de la vida comunitaria en programa de internado favorece la madurez de los jóvenes y no es, en absoluto, una ruptura con la familia, sino una apertura a una familia mucho más grande.
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¿Un colegio católico más? 

A diferencia de otros colegios católicos, el Seminario Menor es una comunidad educativa donde todos los alumnos están abiertos a la vocación sacerdotal y viven en un ambiente particularmente apto para encontrarse con Cristo y discernir su vocación

El Seminario Mayor es para los estudios eclesiásticos de grado universitario inmediatamente previos al sacerdocio.

El Seminario Menor es para adolescentes y jóvenes desde 5ºEP hasta 2º Bachillerato. Cada alumno vive un proceso personal acompañado por padres, formadores y profesores que no necesariamente termina en la carrera eclesiástica.

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¿Seminario Mayor? 

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La vocación...¿tan jóvenes? 

El Señor siempre ha llamado a niños y adolescentes a su servicio, tal y como vemos en la Sagrada Escritura. La Iglesia siempre ha visto esta llamada en los primeros años de la vida como un signo de predilección:

  • Samuel, siendo niño, vivía en el templo se formaba con el sacerdote Elí. Allí recibió la llamada del Señor (1 Sam 3).

  • Josué desde niño fue elegido para aprender de Moisés y servir al Señor en la Tienda del Encuentro.

  • Jeremías fue llamado desde adolescente a ser profeta.

  • El Rey David fue elegido y ungido rey de Israel siendo aún un muchacho. 

  • El Apóstol san Juan, sobre los 15 años, escuchó la voz del mismo Cristo en la orilla del lago y dejó todo para seguirle.​

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¿Qué hubiera pasado si todos ellos le hubieran dicho al Señor que esperase un año o hasta los dieciocho años? Se hubiesen perdido una vida apasionante junto a Cristo. Como dijo un antiguo seminarista menor, Benedicto XVI:  «¡Cristo no quita nada y lo da todo!» 


La vocación es un misterio y un milagro. Solo Dios elige cuándo y a quién la da. Si no se ponen los medios adecuados, es muy probable que se pierda. De hecho, se están perdiendo muchas vocaciones sacerdotales por no contestar con generosidad en el momento de la llamada.

La educación de la familia es insustituible. Es la «iglesia doméstica» donde se aprende a conocer y amar al Señor. Cuando surge la inclinación a la vocación sacerdotal, debemos tener en cuenta que es una vocación misteriosa, especial y delicada que requiere una serie de medios especiales adecuados para discernirla y para cultivarla. 

La Iglesia, consciente de esto, ofrece el seminario menor como un instrumento al servicio de aquellos que reciben su llamada desde niños y de sus familias.  

¿Qué aporta este instrumento?
 

  • Los seminaristas encuentran algo que en la práctica es muy difícil en la vida ordinaria: un orden de vida que facilita el encuentro diario con Cristo en la Misa, la oración y en la formación. Además, forman parte de una comunidad donde todos sus compañeros tienen las mismas inquietudes y el mismo deseo de agradar al Señor. Hasta tal punto es difícil conseguir esto que la Iglesia promovió el Seminario Menor incluso cuando había una sociedad católica. 

  • La Iglesia ofrece a las familias una «gran familia» que les ayudará a acompañar a sus hijos en su inquietud vocacional. Esto se concreta en un equipo de sacerdotes a su disposición y una comunidad de familias cuyos hijos están viviendo lo mismo. Como la experiencia demuestra, el Seminario pasará a ser una segunda familia.

¿Esto no lo puede hacer la familia?

Nuestro escudo

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Lirios

Signo de la pureza y de san José, patrón de las vocaciones sacerdotales. La pureza de corazón es fundamental en la formación de los que disciernen su vocación. El corazón del sacerdote está llamado a ser totalmente para Cristo en favor de la Iglesia. Solo si el sacerdote contempla a Cristo con un corazón puro puede transmitirlo con su predicación y su vida: «Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt 5, 8) y «¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos ni jura con engaño» (Sl 24, 3-4).

«Ardiendo iluminamos»

Este es nuestro lema. Queremos iluminar al mundo con la luz de la verdad adquirida por el estudio y recibida por la fe, pero también queremos iluminarlo «ardiendo», esto es, amando a Cristo y transmitiendo el fuego de su amor a los demás. 

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